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Más del 30% de los pacientes con Esclerosis Múltiple que no reciben tratamiento desarrollarán una discapacidad pasados 25-30 años de su diagnóstico

La Esclerosis Múltiple es una enfermedad que afecta a jóvenes. Aunque puede comenzar a cualquier edad, suele hacerlo en torno a los 30 años, siendo algo más frecuente en mujeres que en hombres. Afecta a unas 80 personas por cada 100.000 habitantes y es más común en los países del norte de Europa. En la actualidad, existen unos dos millones de afectados en todo el mundo. Más del 30% de los pacientes que no reciben tratamiento desarrollarán una discapacidad pasados 25-30 años desde que se establece el diagnóstico. La esperanza de vida de los pacientes con Esclerosis Múltiple está discretamente disminuida con respecto a la población general. Por eso, es fundamental establecer un diagnóstico precoz y certero, explica el Dr. Francisco Gilo, especialista del Servicio de Neurología de INEAMAD del Hospital Nuestra Señora del Rosario, en Madrid. 

La Esclerosis Múltiple es una enfermedad neurológica de origen autoinmune en la que se produce una respuesta anormal del sistema de defensa del organismo contra la sustancia blanca del cerebro y de la médula espinal. Según recuerda el Dr. Francisco Gilo, la sustancia blanca es un material graso de recubrimiento de las neuronas para mejorar la conducción de las conexiones nerviosas. Si se produce una inflamación parcheada en esta estructura se pueden producir los síntomas neurológicos propios de la enfermedad:

  • Alteraciones visuales (borrosidad visual, visión doble)
  • Pérdida de fuerza o sensibilidad en determinadas partes del cuerpo (brazos, piernas)
  • Desequilibrio
  • Dificultad para el habla
  • Problemas en el control de los esfínteres

Es lo que se conoce como brotes de la enfermedad que cursan con la aparición de alguno de estos síntomas por un periodo mayor de 24 horas.

En las últimas dos décadas hemos asistido a una revolución en el manejo de la enfermedad gracias a la incorporación de nuevos tratamientos. “Son los llamados fármacos modificadores de la enfermedad, capaces de cambiar su curso natural y prevenir la aparición de brotes y de nuevas lesiones. Ahora disponemos de formulaciones orales, subcutáneas, intramusculares e intravenosas, medicaciones que actúan modulando y disminuyendo las defensas implicadas en la producción de la enfermedad”, asegura el neurólogo de INEAMAD, quien añade que “es el caso del interferón beta, el acetato de glatiramer, el fingolimod, la teriflunomida, el dimetilfumarato y también de los llamados fármacos biológicos; anticuerpos monoclonales que ejercen su acción sobre una diana específica en la cadena de la enfermedad. Es el caso del natalizumab y el recientemente incorporado alentuzumab”.

Para el tratamiento de los brotes se emplean los corticoesteroides intravenosos y para el resto de síntomas, como la fatiga y los fenómenos paroxísticos, se dispone también de varios tipos de medicamentos. Desde hace dos años está disponible también la fampridina, una medicación que consigue mejorar determinados síntomas neurológicos crónicos como la inestabilidad actuando sobre la conducción nerviosa.

Rehabilitación

Los avances conseguidos en el manejo de los pacientes con esclerosis múltiple hacen que cada vez sea menor el porcentaje de afectados que presentan una discapacidad. En este grupo de enfermos es importante el tratamiento rehabilitador para mantener en el mejor estado sus funciones. Se pueden también realizar tratamientos para la espasticidad en los casos en los que esta sea limitante.

En este sentido, las  Asociaciones de Pacientes y los Centros Especializados en la enfermedad son de gran ayuda para los afectados y sus familiares.

El Dr. Francisco Gilo concluye diciendo que como en cualquier paciente con una enfermedad crónica llevar unos hábitos de vida saludables, realizando ejercicio físico moderado y una alimentación sana, permite al organismo estar en la mejor disposición para minimizar el potencial daño que le pueda ocasionar la enfermedad.

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