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El desprendimiento de placenta

 

El proceso se inicia con la rotura de los vasos que unen útero y placenta. En la mayoría de las ocasiones es un proceso autolimitado que se encuentra como hallazgo ecográfico.

 

Si el proceso no se controla, espontáneamente se va separando completamente o casi completamente la placenta del útero, provocando un sangrado vaginal, en general, y anemia materna muy aguda.

 

A nivel del bebé, la separación de la placenta hace que disminuya de un modo mas o menos importante el suministro de oxigeno y nutrientes a través de la placenta. 

 

El desprendimiento de placenta está asociado a traumatismo (accidentes), la mayoría de la veces; consumo de drogas durante el embarazo, especialmente cocaína; o bien a problemas crónicos durante el embarazo, como son la hipertensión materna, las infecciones placentarias (corioamnionitis), las gestaciones múltiples y a madres de edad avanzada.

 

Los síntomas suelen ser hemorragia vaginal importante y dolor abdominal. En esto se diferencia de la placenta previa sangrante, que no suele cursar con dolor.

 

El grado 0 y I es el desprendimiento leve en el que la perdida sanguínea es pequeña, de menos de 500cc de sangre, que en algunos casos es difícil de diagnosticar ecográficamente y que por la molestias uterinas se puede confundir con una amenaza de parto pretérmino. Son los casos más frecuentes y normalmente se suelen resolver solos.

 

Se considera grado II o desprendimiento moderado cuando la perdida sanguínea es mayor de 500cc y se asocia a un dolor del útero. El motivo es que la sangre le produce una irritación que hace que tenga una especie de contracción intensa y continua.

 

El grado III o desprendimiento grave produce una hipotensión en la madre, pudiendo ésta entrar en estado de shock y provocarse una pérdida de bienestar fetal. Pero salvo por traumatismo a este grado no se suele llegar, ya que los síntomas suelen llevar a embarazada y especialista a saber lo que está ocurriendo. En los casos más graves puede llegar a producir la muerte fetal e incluso la materna. Sin embargo, es una situación muy poco frecuente.

 

En caso de sospecha hay que hacer un control ecográfico del bebe y un control del bienestar de la madre. En función del estado de ambos, se tomarán las decisiones necesarias, que pueden ir desde hacer una cesárea urgente, hasta mantener a la madre en reposo y observación continua hasta conseguir una maduración de los pulmones fetales. Después el parto se llevará a cabo por vía vaginal o cesárea, según sea lo más adecuado para la madre y el bebé.

 

Dr. José Luis Prieto, ginecólogo del Hospital Nuestra Señora del Rosario