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La evolución de tu peso durante el embarazo

 

Aunque la mayoría de las mujeres suelen aumentar entre uno y dos kilos en el primer trimestre y medio kilogramo semanal en el segundo y tercer trimestre, antes de contabilizar el incremento de peso durante los nueve meses de embarazo, hay que tener en cuenta el índice de masa corporal (IMC), es decir, la cantidad de grasa corporal en relación a la estatura y el peso. 

 

Una persona puede tener un peso normal, cuando su índice de masa corporal es inferior a 18,5; saludable, cuando está entre 18,5 y 24,9; sobrepeso, de 25 a 29,9, obesidad, de 30 a 39,9 y presentar obesidad extrema si es superior a 40. Así, según los valores entre los que se encuentra cada mujer antes de quedarse embarazada se deberá establecer el incremento de peso, siendo muy diferente para aquellas que parten con un IMC saludable o con bajo peso de las que sufran obesidad o tengan un embarazo múltiple.

 

En el caso de las mujeres con peso saludable antes del embarazo, lo recomendable es ganar entre 10 y 15 kilogramos durante los nueve meses. El patrón que suelen seguir estas gestantes es un incremento de entre 1,8 y 2,7 kilogramos durante el primer trimestre para pasar luego a aumentar medio kilo por semana en los trimestres segundo y tercero. Cuando una mujer que se queda embarazada tenía bajo peso antes de la concepción, los médicos aconsejan que eleve su peso entre 12,5 y 18 kilogramos en esas 40 semanas, con un incremento de más de medio kilogramo en el segundo y tercer trimestres.

 

Si la embarazada tenía sobrepeso antes de quedarse encinta, es preferible que su incremento de peso se sitúe en la franja de entre siete y 11 kilogramos; es decir, que suba medio kilogramo cada dos semanas durante los dos últimos trimestres. En el caso de que esos kilos de más antes de quedarse embarazada sitúen a la mujer en el rango de obesidad, su médico le recomendará que su peso se eleve únicamente entre cinco y nueve kilogramos.

 

Cuando el embarazo es de mellizos o más bebés, se permite un incremento de peso de entre 26 y 20 kilogramos durante todo el embarazo, aumentando el peso 0,7 kilogramos semanales durante los trimestres segundo y tercero. Y dentro de estos parámetros, lo normal es ir subiendo de peso de manera continua y lentamente, pero nadie debe alarmarse si durante la gestación se experimentan subidas bruscas de peso con estabilizaciones posteriores porque es normal que se produzcan dos episodios así a lo largo del embarazo.

 

En todo caso, hay que tener en cuenta que esos kilogramos que se van ganando durante los nueve meses de gestación no son una acumulación de grasa, sino que hay muchos elementos que contribuyen a esa suma de peso. Por ejemplo, un aumento de 16 kilogramos en una embarazada proceden del propio bebé que están gestando en su interior, que supone en torno a un 21 por ciento de esa cantidad; le siguen los depósitos de grasa, que son casi un 19 por ciento, y el propio riego sanguíneo, que es en torno al 12,5 por ciento del peso total ganado.

 

El crecimiento del útero provoca el 9,3 por ciento del incremento de peso de la embarazada y la propia placenta, que transfiere oxígeno y nutrientes de la madre al bebé, puede ser más del 7 por ciento de la subida peso, un valor similar al que suponen el líquido amniótico y el tejido mamario dentro de la suma total de kilos añadidos durante la gestación.

 

Calorías a consumir

 

Para mantenerse dentro de estos parámetros, las embarazadas han de consumir unas 1.800 calorías diarias durante el primer trimestre de gestación; en torno a 2.200 calorías al día en el segundo trimestre y sobre 2.400 calorías por día a lo largo del tercer trimestre de embarazo. Los expertos hacen hincapié en que esas calorías deben proceder de la ingesta de alimentos saludables y aconsejan reducir al mínimo los que no lo sean.

 

Entre los alimentos calificados como recomendables para ajustarse a los incrementos de peso indicados según el IMC previo a la gestación están las frutas y verduras; las galletas, los panes y los cereales integrales, y los lácteos bajos en grasa, siendo cuatro porciones la ingesta diaria recomendada de productos derivados de la leche.

 

Siempre hay que tender a tomar las menores cantidades de alimentos endulzados con azúcar o edulcorantes, siendo aconsejables en su lugar aquellos que estén endulzados de manera natural. También hay que dejar de tomar zumos de frutas preparados o refrescos, por su elevado contenido en azúcar, siendo preferible sustituirlos por agua; y evitar todo lo posible la comida rápida, los pasteles y los dulces, por ejemplo, así como la margarina, la mantequilla, las salsas, las mayonesas y los aderezos.

 

Por otra parte, ayuda a ceñirse a los pesos recomendados que las embarazadas coman en casa en lugar de fuera, además de hacer ejercicio de manera regular, como caminar o nadar hasta el séptimo mes, para frenar posibles incrementos excesivos de kilos.

 

En el caso de tener que subir el peso durante la gestación por recomendación médica o porque la mujer estaba por debajo del IMC saludable antes de la concepción, ésta no debe saltarse ninguna comida y tendrá que hacer entre cinco y seis pequeñas comidas al día. Además puede ingerir grasas beneficiosas, como las procedentes del pescado, el aguacate, el aceite de oliva o las nueces; zumos de frutas naturales o suplementos que le recete el médico.

 

Problemas por desequilibrios en el peso

 

Tanto una subida excesiva de peso como un escaso incremento durante el embarazo pueden ser perjudiciales para la madre y para el bebé. El sobrepeso en el embarazo es malo para la mujer porque puede provocar un aborto espontáneo, padecer alta presión arterial y preeclampsia (hipertensión arterial y presencia de proteínas en la orina) o diabetes gestacional (cuando el cuerpo no regula mediante la insulina la cantidad de azúcar presente en la sangre).

 

Asimismo, muchos kilogramos de más durante la gestación pueden provocar problemas en los bebés. Un estudio realizado por investigadores de Países Bajos concluyó que las mujeres que aumentan mucho de peso en el embarazo pueden provocar cambios en la química de su hijo que le llevan a sufrir obesidad o sobrepeso en la adolescencia. Así, un bebé nacido de una embarazada que cogió demasiados kilos durante los nueve meses presenta riesgo de nacer prematuro, sufrir lesiones durante el parto vaginal por su gran tamaño, morir al nacer o ser obeso durante su niñez.

 

En el caso de madres con bajo peso antes de la concepción o que no consiguen aumentarlo lo suficiente, registran más probabilidades de que su bebé nazca prematuro o con poco peso en el momento de su nacimiento, es decir, que pese menos de 2,4 kilogramos.