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Importancia del Calcio y de las Vitaminas D y A durante el embarazo y la lactancia

La ingesta de calcio es importante durante el embarazo y la lactancia por los potenciales efectos adversos sobre la salud del hueso materno. El embarazo conduce a la pérdida transitoria de la densidad mineral ósea materna y a un aumento de la resorción ósea, que se acentúa durante los meses que dure la lactancia. Estos cambios se recuperan en gran medida durante el año siguiente a la finalización de la lactancia.

 

Las necesidades de calcio en la mujer gestante y lactante de 14 a 18 años de edad son de 1300 mg/dia y en la de 19 a 50 años de 1000 mg/dia. Esta cantidad se alcanza con una dieta que incluya al menos tres raciones de alimentos ricos en calcio como son los lácteos y sus derivados (leche, yogurt, queso), aunque también son alimentos ricos en calcio los vegetales con hoja verde oscura como col, brócoli, nabo fresco, así como sardinas, almejas, y salmón. Un vaso de leche o un trozo de queso contienen unos 300 mg de calcio. Los suplementos farmacológicos de calcio se deben recomendar cuando se considera que el aporte por la dieta es insuficiente.

 

Como muchas mujeres sufren de pirosis y regurgitación ácida durante el embarazo, los antiácidos basados en sales de calcio permiten aliviar los síntomas digestivos y realizar un aporte de calcio sin efectos adversos.

 

Una situación especial son las mujeres con intolerancia a la lactosa o con un consumo muy escaso de preparados lácteos. Una alternativa es, consumir alimentos con alto contenido en calcio y bajo de lactosa como semillas, nueces y alimentos fortificados con calcio como los cereales, pan y zumos de frutas.

 

Desde hace años se discute si los suplementos de calcio durante el embarazo reducen el riesgo de preeclampsia. Existe una relación inversa entre el calcio en la dieta y las cifras de la tensión arterial. Se estima que la suplementación con calcio durante el embarazo reduce el riesgo de preeclampsia a alrededor de la mitad. El efecto es mayor en las mujeres con alto riesgo de desarrollar la enfermedad.

 

Vitamina D

 

La vitamina D (1 microgramco calciferol = 40 UI vitamina D) es una vitamina liposoluble cuya función principal es mantener los niveles séricos de calcio y fósforo dentro del rango normal.

 

Promueve la absorción del calcio y la mineralización del hueso. Cuando el ingreso dietético de calcio es inadecuado para satisfacer las necesidades del organismo, la vitamina D, junto con la hormona paratiroidea, moviliza los depósitos de calcio desde el hueso (reabsorción ósea).

 

La vitamina D no es una auténtica vitamina, ya que el organismo humano no depende exclusivamente de la alimentación para su obtención. La vitamina D proviene tanto de la dieta como de la síntesis intrínseca, bajo influencia de la radiación solar ultravioleta. La estación, la latitud, el tiempo de luz solar, la pigmentación de la piel, la edad y el uso de protectores solares influyen en la producción cutánea de vitamina D.

 

Son alimentos ricos en vitamina D el aceite de hígado de pescado, el salmón, otros pescados azules, la leche y los cereales fortificados.

 

El déficit intenso de vitamina D durante el embarazo causa osteomalacia materna (desmineralización del hueso), asociada con crecimiento intrauterino restringido (CIR o crecimiento restringido del feto), raquitismo e hipocalcemia neonatal, tetania (espasmos musculares) y anomalías del esmalte dental.

 

Para cubrir la necesidades, con independencia de la exposición a la luz solar, la ingesta adecuada de vitamina D en las mujeres en edad reproductiva, durante el embarazo y la lactancia es de 5 microgramos (200 UI)/día.

 

La mujer, embarazada o no, que recibe una exposición regular a la luz solar y que mantiene niveles normales de vitamina D en sangre, no requiere suplementos de vitamina D.

 

Vitamina A

 

La vitamina A es una vitamina liposoluble. Es necesaria para el mantenimiento y diferenciación del tejido epitelial normal, la visión (formación del pigmento visual) y la integridad del sistema inmunitario.

 

La vitamina A se encuentra en alimentos de origen animal como el hígado, los huevos, la leche y la mantequilla. Los carotenos o precursores de la vitamina A, se encuentran en los vegetales como la zanahoria, lechuga, espinacas y frutas.

 

Las recomendaciones de vitamina A durante el embarazo son 770 microgramos/día y durante la lactancia de 1.300 microgramos/día.

 

El ingreso de vitamina A por la dieta parece ser suficiente para cubrir las necesidades de la mayoría de las mujeres durante el embarazo, por lo que no se recomienda la suplementación farmacológica sistemática con vitamina A.

 

La mujer en edad reproductiva debe saber que el consumo excesivo de vitamina A, poco antes o durante el embarazo, puede ser peligroso para el feto y que una dieta equilibrada proporciona de 7.000 a 8.000 UI de vitamina A, hecho que debe ser considerado antes de realizar una suplementación adicional, que en cualquier caso no deben superar las dosis de 5.000 UI/día ni antes ni durante el embarazo.